Una lección de psicología práctica

abril 3, 2007 at 3:38 pm Deja un comentario

Alberto Juárez Escalante*

Para que exista vida debe existir transformación. Todo en la naturaleza se está transformando. Los alquimistas de la edad media hablaban de la transformación del plomo en oro y ciertamente se referían a lo físico, pero también es cierto que lo aplicaban en el plano de lo espiritual. Transformar el plomo de nuestra personalidad en el oro del espíritu. Y he aquí lo que quiero explicar ahora en este breve escrito. Los seres humanos necesitamos tres tipos de alimentos. El primero es la comida propiamente dicha. Ésta desde que entra en la boca sufre una transformación mediante la cual es posible digerirla. No podríamos vivir si la comida no fuese digerida o pasara directamente a nuestro organismo sin sufrir una transformación. Esta transformación nos aporta los nutrientes necesarios para funcionar. De hecho podemos vivir sin alimento varios días, quizá un mes, pero no es posible vivir tanto tiempo, sin el siguiente alimento básico: el aire. Éste entra a nuestro cuerpo y mediante los pulmones sufre una transformación que nos aporta energía para vivir. Pero el alimento más importante son las impresiones. Cuando alguien está aburrido o quiere salir a dar un paseo, en realidad lo que está buscando son nuevas impresiones. Necesitamos con urgencia impresiones variadas. Es por ello que una persona encarcelada sufre tanto, pues su universo sensorial está limitado a una zona muy estrecha. Sabemos muy bien cómo la vista de un paisaje nutre nuestra alma. Existen impresiones de diversos tipos, por ejemplo las impresiones visuales, las auditivas, las táctiles, las olfativas. Lo cierto es que todos reaccionamos ante ellas casi siempre de la misma manera. Realmente no se da una digestión previa, así las impresiones llegan a nuestra mente de forma mecánica. Esto es, no hay reflexión sobre las impresiones que recibimos y reaccionamos de acuerdo con moldes repetitivos de conducta. Por ejemplo: ¿cómo reaccionamos ante las palabras de un insultador? Lo más seguro es que nos enojamos y le contestamos de la misma manera y terminamos con dolor de cabeza o de estómago y nos sentimos muy mal por un rato. Esto quiere decir que no hay una transformación de las impresiones auditivas. No hay una digestión previa de las palabras del insultador. Porque si esto sucediera, entonces no nos enojaríamos y más bien comprenderíamos a la persona que nos insulta y por ende la perdonaríamos y todos sabemos el bien que nos produce perdonar. Normalmente entonces estamos desnutridos del alma, no nos alimentamos correctamente, pues atendemos la ley del talión, la ley de la violencia: si me insultan, insulto, si me ofenden, ofendo, si me roban, robo, si alguien me mira feo, yo lo miro más, si veo una chica hermosa reacciono deseándola con lujuria, etc. Me parece que atender la enseñanza de Jesucristo de ofrecer la otra mejilla, se refería a transformar las impresiones que recibimos en la vida. Entonces necesitamos una especie de estómago mental, una especie de elemento transformador, y ese no puede ser otro que la conciencia. Si uno es consciente, si reflexiona todo aquello que oye, ve, siente o vive, es posible que lo comprenda y si lo comprende lo digiere y así se alimenta correctamente de sentimientos positivos que nutren su alma. Considero que transmutar el plomo en oro, se refiere a transformar el plomo de nuestra personalidad egoica en el oro de nuestro espíritu. Es una conversión hacia lo espiritual que tanta falta nos hace, en estos tiempos tan convulsos y acelerados. Hay que cambiar nuestra vida que no es más que una cadena de reacciones mecánicas ante las impresiones, por una vida consciente, liberada de cargas emocionales negativas: como estrés, enojo, resentimiento, deseos malsanos, ambiciones grotescas, preocupaciones, miedos, fobias, angustias, etc. Necesitamos con urgencia eliminar nuestros traumas que no son otra cosa que impresiones mal transformadas. Necesitamos estar alertas para no caer en el juego de nuestras emociones. Vivir sin lo pesado, es vivir sin el plomo de nuestra personalidad tan cargada de emociones negativas. Es convertirse en algo ligero, que puede elevarse a las alturas del espíritu como un águila a las montañas de la espiritualidad trascendente. * Coordinador del Área de Lenguaje y profesor de Cátedra del Tecnológico de Monterrey y de la Universidad TecMilenio campus Colima.

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