El sexo del gasto

julio 12, 2007 at 3:48 pm Deja un comentario

Por Luis Luna León, desde México

Hace poco tiempo publiqué un artículo denominado LAS MUJERES ARRIBA, en el cual hago énfasis acerca del gran despunte que las mujeres han tenido en los diferentes ámbitos de la sociedad, incluso en ocasiones por arriba del desempeño de los hombres.

Hoy quiero adentrarme un poco más en este tema. Quise rascar un poco en la biblioteca social y analizar el comportamiento de la mujer. Conocer su actuación en el momento del manejo del dinero y la manera en la que lo gasta.

Ancestralmente, el manejo del dinero siempre estuvo ligado al poder y a la masculinidad. Todo giraba alrededor de nosotros los hombres. El gasto de la casa fue, es y será responsabilidad masculina.

Anteriormente, las mujeres podían disponer de ese dinero dependiendo de la generosidad de los maridos. Éste entregaba al ama de casa cierta cantidad de su sueldo con el fin de destinarlo a la gestión de gastos domésticos. Esta relación de dependencia económica ha dejado en desventaja a la mujer a la hora de disponer y dirigir su propia vida.

Sin embargo, hoy se tiene una realidad: el dinero ya también lo gana una mujer a través de su trabajo. Y es aquí en donde la psicología toma una importancia relevante. Porque ante esta situación se manifiestan diferentes elementos que son dignos de analizar, toda vez que ahora que la mujer se ha incorporado a sectores anteriormente vetados en lo laboral, se enfatizan ciertas diferencias ante un mismo estímulo –el dinero–.

¿Por qué a los hombres el dinero les da sensación de poder y a las mujeres de seguridad? Según un estudio de la consultora AC Nielsen, especializada en investigación de mercados, señala que la mayoría de mujeres utiliza el trabajo y al dinero para dejar de ser dependientes.

Y esto no es casualidad. Las mujeres, a diferencia del hombre, sufren de aspectos sicológicos mas severamente. No hay que olvidar que las compras muchas veces son como resultado de ordenes sicológicas que de una real necesidad.

Es precisamente en las mujeres en donde la depresión, angustia, no valoración o autoestima baja, ansiedad, entre otras cosas, lo que hace que una mujer gaste y gaste en la compra de artículos innecesarios.

Estudios han demostrado que las mujeres que no se valoran lo suficiente a sí mismas, necesitan adquirir artículos y parecer que pueden consumir lo que quieren para aparentar delante de los demás que tienen mucha valía. Dan mucho valor a lo material y compiten con amigas y familiares para ver quién tiene el mejor coche o el mejor vestido.

Aunado a ello, se ha demostrado que es precisamente en la mujer en donde la impulsividad y la dificultad para controlarse son factores que las empresas y la mercadotecnia aprovechan al máximo para lograr el objetivo: hacer que la mujer adquiera el producto o servicio. Aunque no lo necesite.

Y la mujer sabe que esto así es. Porque es la propia mujer la que reconoce que una vez realizada la compra, comprueba que ya no les interesa y ese producto quedará almacenado en un armario sin usar. Actuaron por impulso y para satisfacer su necesidad de estimulación y, una vez adquirido el producto, vuelven al punto inicial, ya que la estimulación desaparece. Necesitarán encontrar otro producto que les vuelva a hacer sentir esa excitación.

Pero hay que identificar que el problema no solo esta en las mujeres. También sus parejas tienen culpa. En ocasiones son los hombres los que pueden resultar muy permisivos al comienzo de la relación sentimental y generan facilidades para ese gasto excesivo por parte de la mujer.

Bajo este esquema de relación, las mujeres sólo serán conscientes cuando aparezcan los números rojos. Y hasta eso si se enteran, toda vez que el que checa los estados de cuenta es el hombre y la mujer, solo se dedica a planchar y planchar la tarjeta de crédito.

Por ello, al plantearnos la pregunta ¿Cuál es el sexo del gasto? De inmediato la respuesta asoma. El gasto es femenino. Y no me refiero a lo gramatical. Me refiero a que sexo es el que más gasta.

La mujer es sin duda la que más aplica recursos en cuestiones superfluas o en aspectos que no tienen una verdadera trascendencia o relevancia para ellas o para el hogar.

Ya analizamos a que se debe. Lo psicológico y lo moral de cada fémina es lo que viene a determinar su decisión de compra. Una mujer feliz compra menos. Una mujer con problemas de autoestima, valoración, ansiedad y depresión por lógica tiende a gastar mucho más.

Y esto es algo que las empresas lo saben. A cada rato podemos observar comerciales de televisión en donde un producto estimula un poder de compra, que atiende directamente el problema de la mujer en sociedad.

O a usted, estimada lectora…¿Qué la motiva a comprar? ¿la verdadera necesidad o porque necesita necesitar un producto? Lo digo, si hasta en eso de gastar las mujeres nos ganan.

Cualquier duda o comentario por favor escríbame a luislunaleon@hotmail.com

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