Qué se esconde detrás de la timidez extrema

julio 30, 2007 at 1:43 am Deja un comentario

Las personas evitan con frecuencia ciertas situaciones por miedo al ridículo, la desaprobación o el papelón. Infobae consultó a los especialistas sobre cuándo estas conductas encubren una patología.
“Tenía que pararme frente a mi jefe y presentarle mi proyecto… Pero no sé qué me pasó, me quedé petrificado antes de entrar a la oficina, me agarró un fuerte dolor de cabeza, estaba seguro de que no le iba a gustar… Por eso volví sobre mis pasos y me ubiqué nuevamente en mi escritorio”. Si bien esta situación podría catalogarse como nerviosismo o timidez, muchas veces se trata de un típico trastorno por ansiedad social, patología que ya ocupa los consultorios de gran parte de los psicólogos.

“Se trata de uno de los cuadros más consultados junto a los ataques de pánico”, explicó a Infobae.com Gabriela Martínez Castro*, psicóloga y directora del Centro Especialista en Trastornos de Ansiedad (CEETA) con sede en Pilar.

La especialista afirmó que, si bien sentir ansiedad es algo normal, “una respuesta natural del organismo para protegerse cuando detecta algún posible peligro”, ésta puede llegar a exceder los niveles convencionales, volviéndose patológica y atentando contra la calidad de vida de la persona.

Cómo saber si se sobrepasó el límite
En principio, se debe aclarar la diferencia entre timidez y ansiedad social: mientras que la primera se puede superar con el tiempo, la otra involuciona con el paso de los años e incapacita cada vez más a la persona.

El individuo que sufre de trastornos por ansiedad social es aquel que “tiene terror de ser evaluado, rechazado y pasar un papelón, y por eso evita determinadas situaciones”, explicó Martínez Castro.

Según la licenciada, los síntomas que caracterizan los trastornos por ansiedad social son muchos y variados: mareos, taquicardia, visión borrosa, sensación de desmayo o atragantamiento, entre otros. “Se trata de sensaciones desagradables que nos empiezan a incapacitar en nuestra vida diaria. A su vez, interpretamos este tipo de situaciones como peligroso para el organismo”, señaló. Entonces, para evitar sufrir de este modo, decidimos aislarnos.

Estos síntomas aparecen ante circunstancias específicas, tales como el temor a rendir un examen y desaprobar, frente a un intento de conquista amorosa, antes de ir a una fiesta o hablar en público, cuando se debe hacer un informe o trabajar en grupos pequeños. También al intentar devolver una mercadería, deshacerse de un vendedor ambulante, y hasta en el hecho de hacer amigos.

“El que sufre de ansiedad social no tiene amigos porque piensa que el otro siempre lo está criticando, evaluando negativamente. Es entonces que sube la ansiedad y aparecen los síntomas”, dijo la especialista.

Y agregó: “Se puede llegar al extremo de aislarse completamente, de deprimirse: dejar los estudios, la pareja, el trabajo… La persona siente los síntomas antes de salir de su casa y por eso decide quedarse”.

Las causas
De acuerdo a Martínez Castro, la ansiedad social puede tener tres orígenes: genético, medioambiental –es decir, relacionado con la persona que educó o cuidó al enfermo, que suele ser un individuo solo, temeroso y con escasa o nula vida social-, o puede basarse en situaciones estresantes –tanto propias como ajenas, que conoce a partir de relatos de personas cercanas-.

“Son siempre personas muy exigentes consigo mismas, y sujetas a una timidez extrema. Además, se comunican poco con la familia“, explicó la especialista.

Martínez Castro señaló que la edad de inicio de este tipo de conductas es en la pubertad o pre adolescencia, “cuando el chico se niega a ir a la casa de otras personas o amigos, por ejemplo. Pero hay que preocuparse cuando el cuadro deja de ser de simple timidez”.

¿La ansiedad social tiene cura?
“La recuperación total es posible”, dijo la especialista. Para ello, el enfermo debe acercarse al tratamiento por propia voluntad.

Una terapia cognitivo-conductual trabaja sobre los pensamientos negativos que llevan a conclusiones erróneas, y también sobre la conducta del enfermo, para “tornar las actitudes desadaptadas en adaptativas”. La licenciada explicó que sólo en los casos extremos se aplican medicamentos en una dosis farmacológica muy pequeña, en coordinación con un médico psiquiatra.

El tratamiento consta de dos etapas: una primera individual, y una posterior en la que se conforman grupos de trabajo dirigidos por un terapeuta, con los que se realizan distintos ejercicios como visitar shoppings o locales bailables para tratar de conectar a las personas con el afuera, siempre con el apoyo de los demás pacientes.

“Es un tratamiento breve y en el que se da el alta. Se puede alcanzar la recuperación total”, señaló Martínez Castro.

Los trastornos por ansiedad social interfieren en la calidad de vida general de la persona, afectando su normal desarrollo laboral, académico, familiar, de pareja y económico. Por eso, la licenciada afirmó que “lo más importante es que, apenas se detecte, se haga la consulta, ya que cuanto más precoz sea el tratamiento más rápida será la cura“.

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