Cómo crear una familia sana

marzo 8, 2008 at 2:57 pm Deja un comentario

No existen fórmulas secretas ni reglas generales para que padres e hijos tengan buena relación, pero está claro que algunas familias han encontrado formas de organización que les permiten desarrollarse y enfrentar problemas con éxito. ¡Conózcalas! Es normal que al escuchar comentarios de alguna amistad sobre la convivencia en su hogar, o bien, al conocer directamente cómo es la relación en otras familias, nos preguntemos qué tal van las cosas en nuestro propio grupo, cuáles son sus virtudes y defectos, si hay confianza y afecto y, en términos generales, si sentimos que nuestra experiencia es divertida y agradable.

Cuando la respuesta a estas interrogantes es negativa o nos obliga a aceptar dudoso “más o menos”, puede ser señal de que existe algún conflicto y de que los miembros de nuestra familia no son del todo felices o no han aprendido formas de amar y de valorarse unos a otros.

Para solucionar esta situación podemos tomar como guía los siguientes pasos, y comenzar así a cimentar las bases para lograr relaciones más saludables y enriquecedoras.

Paso a paso

En su libro El arte de crear una familia, la psicoterapeuta Virginia Satir expone siete puntos a seguir por los padres (ambos, principales modelos de desarrollo para los niños), a fin de mejorar el funcionamiento de esta célula de la sociedad:


Admitir la existencia de un conflicto

El primer paso para perdonarse y perdonar por los errores cometidos es aceptar lo ocurrido y tener la confianza de que las personas pueden mejorar si se lo proponen y actúan de buena voluntad.

Una vez tomada la decisión de cambiar las cosas, urge emprender alguna acción para iniciar el proceso. Al respecto, la mayoría de los elementos que producen conflictos familiares se aprenden y, del mismo modo, se pueden “desaprender” y sustituir por otros.

Que cada adulto sea capaz de cuidarse. Múltiples observaciones han permitido concluir que el descuido de alguna de estas facetas, en el padre o la madre, puede ser origen de conflicto:

** Cuidar el cuerpo. Nuestro organismo es único, y es importante que cada padre descubra cuáles son sus necesidades de alimentación, ejercicio, descanso y disfrute sensorial para que lo transmita a sus hijos.

** Desarrollar el intelecto. Debemos darle valor a rodearnos de ideas estimulantes, libros, actividades, experiencias de aprendizaje y oportunidades de establecer diálogo con los demás.

** Reconciliarnos con nuestros sentimientos. Entendernos, mimarnos y no ser jueces severos, sino amigos de nosotros mismos, son valores que merecen desarrollarse.

** Acondicionar el espacio. Nada mejor que hacer del hogar un lugar agradable para vivir y trabajar, de modo que es importante atender detalles como orden, limpieza, decoración, y hasta sonidos, iluminación y temperatura.

**Comprometerse con lo que significa estar vivo. No está de más recordar que la alegría de vivir es auténtica virtud que ayuda a enfrentar adecuadamente los retos y desafíos.

Mantener alta autoestima

Otro punto que destaca la psicoterapeuta familiar Virginia Satir es que, para construir satisfactoria relación de pareja o parentesco, cada uno de los miembros tiene que sanear primero su propia autoestima, así como su capacidad de valorarse y tratarse con dignidad y amor. La fórmula es sencilla: integridad, sinceridad, responsabilidad, compasión y afecto emanan de las personas que se autovaloran, no de las que se devalúan.

Además, los individuos que se conocen a sí mismos y se apoyan, perciben que los instantes de cansancio son temporales o representan crisis momentáneas; no piensan que la vida les supera o les ha defraudado. En cambio, quienes tienen baja autoestima suelen ser más propensos a utilizar medios para evadirse de la realidad (alcohol, drogas, adicción al juego o a las compras) y ello deriva, inevitablemente, en problemas personales, de pareja y familiares.

Así pues, tarde o temprano hemos de reconocer que las dificultades vitales derivan de nuestra actitud, y creer que es posible cambiarlas para emprender un cambio, ya sea por cuenta propia, con el apoyo de la pareja o con asesoramiento de un psicoterapeuta.

Mimar la relación de pareja

Vale la pena preguntarse, como punto de partida, por qué se eligió a determinada persona, cuáles eran las expectativas de la relación y qué se esperaba mejorar. Probablemente los motivos responden a la oportunidad de incorporar algo nuevo a la propia vida: amor, cariño, satisfacción sexual, apoyo, hijos, nivel social, sentimiento de pertenencia o sentirse apreciado.

La mayoría de los fracasos en pareja (los cuales repercuten en la familia) son resultado de expectativas ingenuas y sin sustento en la realidad sobre lo que puede hacer el amor. Debemos tener en claro que ninguna relación de pareja puede satisfacer todas las necesidades de la vida, sino que la inteligencia, información, conciencia y competencia también son esenciales. Por ello, cuanto mayor sea nuestra autoestima, menor será la dependencia a recibir una demostración de amor concreta y continua por parte de nuestra pareja.

Celebrar la llegada de un nuevo ser

Dicen que la familia es el arte de crear (no criar) personas. A su vez, cuando llega un bebé, pasa de ser bidireccional (en que sólo existe el trato mujer-hombre) a multidireccional (además de la relación de pareja, se incluyen las que establece cada uno de los progenitores con el hijo). El desafío consiste entonces en encontrar formas en que cada uno de los miembros puede participar u observar a los demás sin tener la sensación de que no cuenta.

Sin embargo, no hay que olvidar que entre más nacimientos se presenten en el grupo, mayor es la presión a la que se ve sometida la relación de pareja; el tiempo, espacio y recursos deben redistribuirse en porciones más pequeñas, y puede ocurrir que la angustia por ser padres se vuelva abrumadora.

Tampoco hay que perder de vista que muchas veces la presencia de varios hijos evita la expresión adecuada de cada integrante de la familia, de modo que los lazos entre los padres se debilitan y esto puede generar ruptura.

Comunicar sentimientos de libertad

Virginia Satir enfatiza en que muchos padres no suelen hablar con sus hijos sobre cómo es su relación de pareja, a pesar de que ésta es básica para mantener la red de afecto familiar. Por ello, es relevante que comiencen a conversar con los chicos al respecto y que no duden en manifestar sentimientos positivos.

Es importante tomar en cuenta que esta medida ayudará a desarrollar una familia enriquecedora toda vez que el ejemplo será tomado por los hijos, quienes se sentirán con mayor libertad para hablar sobre sus emociones e ideas, y aprenderán a expresarse sin problemas.

Una vez que se empiece a fortalecer esta red de comunicación, puede recurrirse a interesante ejercicio: organizar una reunión en la que cada integrante de la familia diga a los demás cómo se siente y qué piensa de su relación. Se debe escuchar con atención, respeto y sin juzgar, y una vez que todos hayan terminado, dar las gracias. Conviene contar qué es lo que hace sentir alto o bajo de moral a cada uno, pues se suelen descubrir nuevas verdades sobre las personas con quienes se convive desde hace años, ayudando a fortalecer la unión afectiva.

Límites y disciplina

  • De acuerdo con la psicóloga Reyna Ana Quero Vásquez, de la Asociación Mexicana de Alternativas en Psicología (Amapsi), la familia es mucho más que un conjunto de personas, ya que tiene la función de satisfacer necesidades básicas (alimento, protección, vestido, vivienda y salud), así como afectivas y sociales, que dan estabilidad y soporte a todo individuo.

  • Precisamente, en la familia “se establecen límites y disciplina, los cuales permiten sana convivencia con el exterior y señalan hasta dónde puede llegar el niño en su comportamiento”.

  • Aunque es difícil fijar límites, es importante que los padres procuren un modelo de educación donde su autoridad se manifieste a través del control consistente y razonado, además de promover la toma de decisiones del hijo y su autonomía.

  • A decir de la especialista, las conductas que no propician el desarrollo del niño son: agredir, culpar, rechazar y sobreproteger o desproteger.

  • Hay otras que parecen imponer límites, pero no lo logran: atemorizar, avergonzar, ridiculizar, “sermonear”, repetir órdenes con frecuencia y excederse en castigos o premios.

  • En cambio, los requisitos para poner límites son: amor y respeto, autoridad moral y jerarquía, conocimiento, fuerza de carácter, seguridad y madurez.

  • Es importante que los límites sean firmes y se presenten en forma clara, concreta y breve; además, tienen que marcarse con afecto y ofreciendo alternativas. Los padres deben ser constantes en su vigilancia y especificar las consecuencias en caso de no cumplir.

  • Los niños educados de esta manera (que requiere más calidad que tiempo) tienen ideas realistas y positivas, confianza y seguridad en sí mismos; además, logran equilibrio entre obediencia y autonomía, capacidad para dialogar y negociar, y desarrollan responsabilidad y mayor tolerancia a la frustración.

  • Finaliza la especialista: “Establecer límites y fomentar la disciplina como código de conducta es una forma en que los padres le dicen a su hijo que les preocupa, le enseñan cómo funciona el mundo y, sobre todo, le muestran el cariño y respeto que sienten por él, pues se le dan elementos para interactuar de modo positivo con los demás y asegurar su salud mental”.

Admitir a cada hijo como es

Cada persona es un cúmulo de necesidades por descubrir y al que se debe responder según esa cualidad especial que la hace única. Así, para educar individuos con adecuada autoestima, el secreto está en no tener ninguna idea preconcebida de “cómo debería” ser la niña o niño, evitando la comparación y también la conformidad.

Esto convierte a los padres en descubridores, exploradores y detectives, pero no en jueces ni escultores. De esta forma, finaliza la psicoterapeuta familiar, pueden canalizar los conflictos y transformarlos en fuerzas creativas que estimulen el crecimiento de todos.

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